2/2-Aranceles: una evaluación crítica (por Jan Doxrud)
El lector no solo debe tener en consideración las consecuencias más obvias, evidentes y visibles de la implementación de altos aranceles. También debe visualizar, como afirmaba Frédéric Bastiat (1801-1850), aquello que “no se ve”. Lamentablemente en el tema de los aranceles muchos solo se centran solo en un fragmento – el arancel y el objetivo que busca – y deja de lado otros factores como las fluctuaciones en el tipo de cambio, la política monetaria, la política fiscal, etc. Recordemos que la economía no es una ciencia física en donde se dan relaciones lineales y rígidas entre variables, puesto que esta disciplina tiene un carácter sistémico, por lo que la causalidad no es simple sino que compleja.
En virtud de lo anterior, debemos también recordar que la racionalidad es limitada, la incertidumbre son factores a considerar y, por último, NO enfocarnos en los objetivos – por más nobles que sean – sino que en los incentivos que una política económica puede generar. Por ende, la economía debe también complementarse con otras disciplinas como por ejemplo, la lógica, la historia, la sociología y la ciencia política.
De acuerdo con lo anterior, en materia económica pueden generarse resultados que no contemplábamos en un primer momento: lo que se conoce coloquialmente como “efecto cobra” y que fue estudiado con detalle por el sociólogo Robert K. Merton (1910-2003) en su ensayo titulado “The Unanticipated Consequences of Purposive Social Action" (1936). Estas consecuencias no anticipadas no necesariamente son siempre relevantes y tampoco son siempre negativas. Como explica Merton, el cientista social, al abordar el comportamiento humano, se encuentra invariablemente con asociaciones estocásticas y no funcionales.
Añade Merton que el conjunto de consecuencias de cualquier acto repetido no es constante, de manera que se pueden dar una variedad de consecuencias incluso aunque las condiciones sean las mismas. Por ende, cualquier política comercial – como la arancelaria – debe tomar esto en consideración y no fundamentarla en experiencias pasadas de otros siglos.
Teniendo esto en consideración, regresemos al tema de los aranceles. ¿A quién(es) beneficia? Claro está que al sector específico que se ve – supuestamente – protegido por tal arancel. Pero esta es una visión bastante estrecha por lo que se debe ampliar el foco y examinar como repercute en los demás miembros de la sociedad de ese país (en este caso Estados Unidos). Como bien explica economista Thomas Sowell, aquí se incurre en una conocida falacia lógica – la de la composición – la cual implica suponer que las partes o miembros de un todo tendrán las mismas propiedades que el todo. Por ejemplo, sabemos que los seres humanos estamos compuestos de átomos y que cada átomo es invisible al ojo humano, “por lo tanto”, los seres humanos (el todo) también es invisible al ojo humano. Como explica Sowell en el caso del proteccionismo económico:
“Las restricciones al comercio internacional proporciona otro ejemplo de la falacia de la composición (…) No hay duda de que una industria en particular o una ocupación se verá beneficiada por las restricciones al comercio internacional. La falacia está en creer que esto significa que la economía en su conjunto se verá beneficiada, ya sea respecto al empleo o a las ganancias”.
Antes del aumento del arancel sobre una materia prima, como puede ser el acero, el país “P” podía comprarlo a un menor precio, lo que se traduce en que todos aquellos sectores que utilizan el acero se verán beneficiados para, por ejemplo, construcciones residenciales y comerciales, rascacielos, vías férreas, maquinaria, industria aeroespacial, industria energética, industria automotriz, etc.
En mi país, Chile, hubo una “huelga de la carne” en 1905 debido a que el Estado, con el objetivo de proteger a los agricultores chilenos, decidió imponer un impuesto a la carne de vacuno proveniente de Argentina. Esto afecto a los sectores populares quienes no podían acceder a la compra de este alimento debido a los altos precios. La consecuencia fueron manifestaciones y actos violentos durante la presidencia de Germán Riesco.
Por ende, si se establece un arancel para el acero extranjero entonces podría suceder que este se encarecería dentro de del país proteccionista, lo cual afectaría no solo a los sectores anteriormente mencionados vinculados al acero, sino que también al consumidor final. La industria nacional que se encuentra bajo el paragua protector estatal puede ver que la competencia (y presión) disminuye y/o que la oferta de ese bien específico se reduce, por lo que aumentarán el precio. Por ende, este proteccionismo arancelario perjudica a los consumidores, pero también a los productores.
Sucede que el proteccionismo estatal, en este caso específico, la protección arancelaria, se transforma en una ayuda a un sector específico de la totalidad de esa economía nacional que no está siendo eficiente y competitivo y, a pesar de esto, es tratado con una serie de privilegios que no tienen otros. Menos deseable es la creación de un capitalismo de compadres, en donde se difumina la línea divisoria entre el mundo empresarial y estatal. Como escribió Thomas Sowell:
“En un momento dado, un arancel de protección u otra restricción a las importaciones puede proporcionar un alivio inmediato a una industria en particular, y así ganar el apoyo político y financiero de las corporaciones y sindicatos en esa industria. Pero, al igual que muchos beneficios políticos, se produce a costa de otros que puede que no estén igualmente organizados, sean notorios o ruidosos”.
Cuando Trump estableció aranceles al aluminio y el acero a la Unión Europea, esta también respondió con aranceles que afectaron negativamente, entre otros actores, a Harley-Davidson y la exportación de motocicletas hacia el continente europeo, las cuales se encarecieron en Europa. Por ende la compañía decidió aumentar la producción en sus plantas internacionales para así esquivar los aranceles.
Lo mismo sucedió con los aranceles impuestos a las lavadoras extranjeras (LG y Samsung) para proteger así a Whirlpool. Obviamente el portavoz de la empresa quiso hacer pasar esta protección particular como un beneficio nacional declarando que esta política constituía “una victoria tanto para los trabajadores como para los consumidores estadounidenses”. Pero a la larga quienes se vieron perjudicados fueron los consumidores con el alza del precio de estas. De acuerdo con Rick Newman, en un artículo publicado en “Yahoo Finance”[1], durante el tiempo en que los aranceles estuvieron vigentes (de febrero de 2018 a febrero de 2023), “el costo del equipo de lavandería aumentó un 34%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales”. A esto añade que el precio de los electrodomésticos en general aumentó un 23%, de manera que “los equipos de lavandería aumentaron al menos un 11% más de lo que probablemente habrían aumentado sin los aranceles”.
Más grave aún es que se crea un incentivo perverso en virtud del cual tal sector ineficiente buscará hacer presión en favor de mayores aranceles en lugar de esforzarse en ser más eficientes y competitivos. Por último tenemos la potencial reacción del otro país que puede responder con una medida proteccionista similar que afectaría a otros sectores exportadores del país “P”. Hay que tener claro que exportar e importar son dos caras de una misma moneda. Una país “A” compra a EE.UU y a cambio recibe dólares, pero esos dólares son destinados a otras fines entre los cuales se encuentra importar. Por ende, si EE.UU no importa productos desde el país “A”, este último no dispondrá de dólares y, por lo tanto, no podrá importar productos estadounidenses.
Como se puede leer en el artículo de McKinsey & Company anteriormente citado, tras la crisis económica de1929 en Estados Unidos (y que tuvo fuertes repercusiones mundiales), el Congreso de ese país aumentó casi 900 aranceles (La Tariff Act o Ley Smoot-Hawley), lo que tuvo como consecuencias represalias por parte de otros países, los cuales también implementaron la misma medida. Las consecuencias fueron nefastas para el comercio internacional e incluso algunos historiadores económicos apuntan sus dardos a esta medida como la causante de la gran depresión que se extendió a lo largo de la década de 1930. En el artículo citado se señala que el comercio mundial se contrajo en dos tercios en cinco años. Solo tras el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) 23 países firmaron el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, o GATT (1947), que sería el precursor de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Así, podemos señalar que a la larga, incluso el sector protegido se verá perjudicado por aquella política arancelaria que perjudica a consumidores ya otros sectores de la economía. Por lo demás, y como bien apuntó el periodista económico, Henry Hazlitt (1894-1993), es injusto que los trabajadores protegidos por el arancel puedan beneficiarse de las ventajas del libre comercio al comprar otros artículos. Añadía Hazlitt que tal ventaja también podía potencialmente, llegar a su fin:
“Si una determinada industria pudiese disfrutar de protección arancelaria, mientras sus obreros gozan de las ventajas del libre cambio en la adquisición de productos, indudablemente saldría beneficiada la industria en cuestión incluso a la larga. Ahora bien, cuando se intenta extender tal situación privilegiada a otras industrias, los protegidos en primer lugar, empresarios o empleados, empiezan a sufrir en razón a la protección dispensada a los demás, pudiendo incluso hallarse peor que si nadie hubiese sido protegido”.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo señaló que para este año 2025 las perspectivas son inciertas, “principalmente debido a los cambios proteccionistas en la política comercial de Estados Unidos (…)” bajo la presidencia de Trump. Este proteccionismo traería incertidumbre, así como también, imprevisibilidad y un debilitamiento del comercio, la inversión y el crecimiento económico. También se refiere a las represalias y a un efecto dominó, así como también a los países que estarían más expuestos a este cambio en la política comercial estadounidense (aquellos con grandes superávits con EE.UU): China, India, Unión Europea y Vietnam entre otros.
Palabras finales
En síntesis, los aranceles, entendidos como impuestos, distorsionan los precios de los bienes importados haciendo que estos aumenten de manera artificial. En segundo lugar, al aumentar del precio de estos productos, quienes se ven perjudicados son los consumidores que, de querer seguir comprando ese producto extranjero, ahora tendrán que desembolsar más dinero. En tercer lugar, quienes se ven favorecidos son los sectores económicos protegidos y no “la nación” o “el pueblo”.
En cuarto lugar, puede suceder que estos sectores económicos comiencen a adaptarse a este sistema proteccionista y, en lugar de centrar sus energías en ser eficientes, productivos y competitivos, las destinen a presionar a los gobiernos de turno a que les otorgue más privilegios. En quinto lugar, otros países pueden tomar represalias implementado medidas proteccionistas que terminarán pro perjudicar al comercio internacional y también a los ciudadanos de ese país.
En sexto lugar debemos considerar la posibilidad de que los importadores busquen otros países sustitutos para continuar con su actividad o que las empresas extranjeras afectadas puedan – en la medida de lo posible – trasladar sus plantas a otros países no afectados por los aranceles. Por último, a la hora de evaluar el impacto de los aranceles se deben también considerar otros factores: fluctuaciones del tipo de cambio, la política monetaria del Banco Central, la política fiscal, elasticidad precio de la demanda, etc. No se puede tener una mirada simplista y reduccionista de los sistemas económicos, enfocándonos solo en los aranceles y los (supuestos) efectos que estos tendrán.
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