1/3-Lo que el Estado ve: La ideología del alto modernismo (por Jan Doxrud)
Este artículo constituye una continuación de una serie de artículos que he escrito en el pasado sobre el Estado. En el presente artículo abordaré el libro de James C. Scott (1936-2024) titulado “Lo que ve el Estado. Como ciertos esquemas para mejorar la condición humana han fracasado”. Scott es un politólogo y antropólogo estadounidense que obtuvo tanto su M.A como su Ph.D en la Universidad de Yale. Hasta su muerte fue “Sterling Professor of Political Science” y Profesor de Antropología en la Universidad de Yale.
También se desempeñó como codirector del programa de estudios agrarios en la misma universidad. Como podemos leer en la página del Departamento de Ciencias Políticas de esa misma universidad, las investigaciones de Scott se centraron en “la economía política, las sociedades agrarias comparadas, las teorías de la hegemonía y la resistencia, la política campesina, la revolución, el sudeste asiático, las teorías de las relaciones de clases y el anarquismo”. Como de costumbre, dejaré al final algunos de mis artículos que se vinculan con los temas tratados en estos.
Dicho esto, comencemos analizando las principales ideas del libro más arriba mencionado. Scott no explica los principales cambios que se generaron entre el Estado premoderno y el moderno, específicamente de qué manera un Estado que antes era “ciego” llegó, posteriormente, a “mapear” cada aspecto de la vida de los ciudadanos, tanto desde un punto de vista cuantitativo como cualitativo. Detengámonos en este concepto de mapa. Un mapa tiene, claro está, la función de representar un aspecto de la realidad y no, por lo tanto, representar la realidad tal cual como es.
De acuerdo con el autor todas las simplificaciones del Estado tienen carácter de mapa, es decir, “están diseñadas para resumir precisamente esos aspectos de un mundo complejo que son del interés inmediato del cartógrafo (…)”
Como señala Scott, lo mapas incluían aquellos que le interesaba al funcionario observador, permitiéndole rehacer gran parte de aquellos que representaban. En palabras del autor:
“Así, un mapa catastral creado por el Estado para designar a los propietarios sujetos de impuestos no nada más describe un sistema de tenencia de la tierra, sino que crea tal sistema en virtud de su capacidad de dar a sus categorías rango de ley”
Por ende, para el autor, los mapas transforman y resumen los hechos que representan y, tal poder, reside en aquellos que despliegan la perspectiva de ese mapa en particular”.
A continuación, Scott pasa a mencionar y explicar lo que él considera como los episodios más trágicos de la ingeniería social emprendida por el Estado. El primer elemento es el ordenamiento administrativo de la naturaleza y la sociedad. El segundo elemento es lo que el autor denomina como la “ideología del alto modernismo” a la cual me referiré en detalle posteriormente. Añade Scott que, una vez que los dos primeros elementos se aúnan con un tercero, la combinación se torna letal. Este tercer elemento es la existencia de un Estado autoritario “dispuesto y capaz de utilizar todo el peso de su poder coercitivo para hacer realidad los designios del alto modernismo. El cuarto elemento está conectado con el tercero y es la existencia de una sociedad civil pasiva y postrada “carente de capacidad de resistirse a estos planes”.
Dicho esto, ahora me concentraré en una idea medular del libro y que es el segundo elemento anteriormente mencionado – la ideología del alto modernismo – para posteriormente examinar algunos ejemplos de este. En palabras de Scott esta consiste en una sólida y musculosa versión de la confianza en el avance científico y técnico, en el dominio de la naturaleza, el aumento de la productividad y en el “diseño racional de un orden social proporcional al entendimiento científico de las leyes naturales”.
Scott advierte que no se debe confundir el alto modernismo con la “práctica científica” propiamente tal con, puesto que el primero es una ideología o una “fe” que busca su legitimidad en la ciencia y la tecnología. Como toda fe, esta ideología carecía de escepticismo y un sentido crítico, por lo que depositaban su fe en la capacidad planificadora del ser humano. Un punto importante es que esta ideología cruzaba todo el espectro político puesto que era servil a diferentes intereses y objetivos, incluso contrapuestos. Al respecto escribe Scott:
“La fe del alto modernismo no respetaba los límites políticos tradicionales; podía atravesar el espectro político de izquierda a derecha, pero en particular entre quienes deseaban utilizar el poder del Estado para propiciar enormes y utópicos cambios en los hábitos de trabajo del pueblo, en su forma de vida, en su conducta moral y su visión de mundo”.
Siguiendo a Scott, tenemos entonces que el alto modernismo tenía un carácter autoritario y que sedujo a un gran espectro de ideologías políticas. Dentro de sus protagonistas figurarían planificadores, arquitectos, tecnócratas, administradores de alto nivel y visionarios vanguardistas. Para ser más concretos, la ideología del alto modernismo lo podemos ver presente en las ideas del arquitecto y urbanista Le Corbusier, en la economía de guerra de Walter Rathenau, en el leninismo, en el nazismo, en la ingeniería social del apartheid y en la modernización del shah de Irán. Este es un tema relevante puesto que, como señala Scott, muchas de las grandes calamidades del siglo XX patrocinadas por el Estado “han sido obra de dirigentes con planes grandiosos y utópicos para su sociedad”.
Con el alto modernismo el Estado comienza a penetrar y a permear la sociedad en su totalidad. Su preocupación ya no se limita solamente a cuantificar número de muertos, nacidos, casados, etc., sino que entrometerse en la vida íntima de las personas, para lo cual necesitaba pasar a llevar la esfera privada e invadir su privacidad para manipular a los individuos. Como acertadamente afirma el autor, una condición previa a esta transformación del Estado, fue el “descubrimiento de la sociedad como un objeto cosificado independiente del Estado y susceptible de descripción científica”. Más adelante añade Scott:
“El alcance de la intervención era potencialmente ilimitado. La sociedad se convirtió en un objeto que el Estado podía manejar y transformar, con la intención de perfeccionarla (…) el orden social existente, que los Estados previos aceptaban más o menos son mayore cuestionamientos, fue por primera vez objeto de manipulación activa (…) Cada recoveco del orden social podía mejorarse: higiene personal, dieta, crianza de los hijos; diversión; estructura familiar y, lo más infame, herencia genética de la población”.
De acuerdo con Scott, de la creencia en que un orden social “planeado” es más deseable que uno fruto del “depósito irracional accidental de la práctica histórica” se derivan dos conclusiones. La primera es la creación de un orden jerárquico en donde el poder se concentra en una pequeña élite poseedora del conocimiento científico necesario para crear el nuevo orden social deseado. La segunda es que, aquellos que se oponen y se niegan a ceder ante el plan, o deben ser convencidos de sus beneficios o ser removidos (incluso eliminados).
Es la tecnocracia o un grupo de auto designado como vanguardistas los que deben asumir las palancas del poder. Recordemos que “tecnocracia proviene de Tékhnē (arte, técnica) y krátos (poder, gobierno). En términos modernos se refiere al “gobierno de los técnicos” (ingenieros) y, en términos generales, de los expertos o de una élite que se auto concibe como poseedora del conocimiento necesario para llevar a cabo los grandes cambio. Añade el autor que las instituciones burocráticas intentan imponer abstracciones simples a la realidad, pretendiendo así “representar adecuadamente la verdadera complejidad de los procesos naturales o sociales”.
En este contexto queda eliminada la complejidad, el pensamiento sistémico, la causalidad sistémica y se aborrece la incertidumbre y todo aquellos que no pueda ser objeto de control. Respecto a este tema escribe Scott: “De hecho, cabría especular que mientras más inextricable y resistente sea el mundo real que enfrenta el planificador, mayor será la necesidad de planes utópicos para llenar, por así decirlo, el vacío que de otra manera invita a la desesperación”.
En cuanto al contexto del surgimiento y gradual consolidación del alto modernismo, Scott señala que es el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la movilización alemana durante ese período. Pero el autor – siendo consciente de cierta arbitrariedad de su parte – se aventura a identificar a un personaje central en el Segundo Reich alemán (1871-1918) vinculado con lo anterior: el político y empresario Walter Rathenau (1867-1922).
El empresario alemán jugó un rol medular en hacer ver al Ministerio de Guerra la necesidad de crear el Departamento de Materias Primas de Guerra. Para ello, se necesitaba de una gran planificación que permitiera mantener al ejército abastecido. Rathenau llegó a definir la era moderna como un “nuevo orden industrial” en donde las decisiones no guardaban relación con la ideología, sino que con criterios técnicos y económicos.
También debemos tener en consideración la importancia de las ideas del ingeniero mecánico estadounidense, Frederick W. Taylor (1856-1915) en la aplicación de principios científicos y administrativos en trabajo para lograr mayor eficiencia. Como explica Xavier Vence Deza en su libro “Economía de la innovación y del cambio tecnológico” el “taylorismo” se introdujo en el entorno del cambio del siglo XX y, se caracteriza por el “estudio sistemático de todas y cada una de las tareas que realiza un trabajador para descomponerlas en operaciones simples, estableciendo normas precisas para su ejecución y asignando tiempo para las mismas”
Como explica el académico del Austin College (Texas) T. Hunt Tooley “The Hindenburg Program of 1916: A Central Experiment in Wartime Planning”, la función ejercida por Rathenau, junto con el ingeniero Wichard von Moellendorff (1881-1937), fue organizar la producción de materias primas para el esfuerzo bélico. Esto supuso una planificación que fue más allá de las áreas de materias primas industriales. Añade que, aunque Rathenau dimitió en marzo de 1915, su influencia, junto con a de Moellendorff, continuó siendo considerable.
Finalmente, Alemania sería derrotada y le sería impuesta una serie de sanciones – a través del Tratado de Versalles de 1919 – que la mantendrían en un Estado agónico. Ratheau se convertiría en Ministro de Reconstrucción y, después, de Asuntos Exteriores. Finalmente sería asesinado mientras manejaba su auto por un grupo de nacionalistas.
¿Logró el alto modernismo imponerse en la totalidad de Europa y más allá de esta? La respuesta es negativa y habría que analizar caso a caso. Alemania, tras el colapso del Segundo Reich, adoptó un sistema republicano (República de Weimar), pero posteriormente colapsaría ante la llegada de Hitler quien haría suyas las premisas del alto modernismo. En la URSS también es correcto señalar que es donde se adoptó de manera radical el alto modernismo, no solo por el férreo sistema de planificación central, sino que por el control y manipulación que ejerció sobre la población.
Lo que el golpista Lenin y sus sucesores hicieron fue imponer – top down – una ideología foránea de dos alemanes (Marx y Engels) a una mayoría de campesinos que no sabía nada de marxismo, de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia o de la teoría del valor trabajo. Ahora bien, el alto modernismo no necesita permear toda la sociedad, ya que podía manifestarse en ámbitos delimitados como veremos que fue el caso de Le Corbusier en la planificación urbana.
Artículos complementarios
Artículos complementarios:
1/7-El Estado: Introducción al concepto (por Jan Doxrud)
2/7-El Estado: Introducción al concepto (por Jan Doxrud)
3/7-El Estado: Georg Jellinek y el concepto de Estado (por Jan Doxrud)
4/7-El Estado: Hermann Heller y el concepto de Estado (por Jan Doxrud)
5/7-El Estado: Hermann Heller, el pueblo y opinión pública (por Jan Doxrud)
6/7-El Estado: Hermann Heller, Derecho y Economía (por Jan Doxrud)
7/7-El Estado: otros enfoques (por Jan Doxrud)
1/2-Anthony de Jasay: El Estado (por Jan Doxrud)
2/2- Anthony de Jasay: El Estado (por Jan Doxrud)
1) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
2) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
3) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
4) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
4) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
5) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
6) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
7) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
8) Michel Foucault: Estado y Biopoder (por Jan Doxrud)
1/3-Pierre Bourdieu: Sociología del Estado (por Jan Doxrud)
2/3-Pierre Bourdieu: de la nobleza de naturaleza a la nobleza de Estado (por Jan Doxrud)
3/3-Pierre Bourdieu: El funcionario estatal y los rituales del Estado (por Jan Doxrud)
Bakunin, el anarquismo y el Estado (por Jan Doxrud)
Sistemas y sistemismo (por Jan Doxrud)
Reseña: La Fatal Arrogancia de Friedrich Hayek (por Jan Doxrud)
Friedrich Hayek: Socialismo y la planificación para la esclavitud (por Jan Doxrud)
1/25- Oskar Lange: Economía Política Marxista y Planificación Central (por Jan Doxrud)
La religión marxista-leninista (por Jan Doxrud)
2/6-Lenin: dictadura y democracia (por Jan Doxrud)
1/7-El Libro Negro del Comunismo: la utopía como refugio contra la realidad (por Jan Doxrud)
2/7-El Libro Negro del Comunismo: planificación y control social (por Jan Doxrud)
1/6- El Cisne Negro El impacto de lo altamente improbable (por Jan Doxrud)