1/2-Aranceles: ¿a quiénes protegen? (por Jan Doxrud)
En este artículo abordaré y me centraré específicamente en el concepto de arancel: qué son y potenciales repercusiones. Por ende no me adentraré en otras herramientas proteccionistas tales como cuotas de importación (límite cuantitativo), retenciones (impuestos a las exportaciones), subsidios (por ejemplo, otorgar líneas de crédito a un interés menor al de mercado) y exigencias sanitarias o estándares medioambientales. Tampoco profundizaré en otros interesantes temas como el comercio internacional y las ventajas comparativas, que constituyen asuntos que merecerían un artículo aparte.
Este artículo está destinado principalmente a quienes no tengan mayores conocimiento sobre este tema y que, por lo demás, será uno que estará en boga ya que, en el momento en que escribo, Trump ya lleva varias semanas en la Casa Blanca junto con su discurso proteccionista en materia económica. Por ende, aquí abordaremos qué son los aranceles, su finalidad, los aranceles aplicados por Trump en su primer período y cerraremos con una reflexión final sobre las consecuencias de la implementación de políticas arancelarias drásticas.
Lo que aquí discutiremos no es si deben o no existir aranceles, sino que las posibles implicancias de un aumento excesivo de estos, es decir, el beneficio o costo marginal de un aumento de estos, tanto para los productores como consumidores dentro de un país (aunque los productores son a su vez consumidores y estos últimos, productores). Al final dejaré otros de mis artículos que sirven de complemento a este.
https://www.wsj.com/articles/gop-needs-to-leave-trump-behind-on-trade-tax-cuts-free-markets-china-buying-power-inflation-tariff-protectionism-11664724114
Por lo general personas como Trump traen a la palestra el tema del aumento de los aranceles (o tariffs en inglés), debido a que– supuestamente – existe algún tipo de injusticia en materia comercial es decir, otro país que compite con EE.UU no está respetando las reglas del juego del comercio internacional (por ejemplo dumping), y está perjudicando a un sector de la economía estadounidense. Por ende, en nombre de un nacionalismo o tribalismo económico, y en la idea de que el comercio internacional es un juego de suma cero, se utiliza – entre otras medidas – el aumento de los aranceles sobre ciertos productos extranjeros.
Así, quien defiende esta postura señalará que es por el bien de la nación por lo que crea un falso dilema entre “o eres patriota o estas con los extranjeros”. Frente a esto, es importante que las personas sean capaces de analizar y evaluar el impacto de los aranceles, antes de dejarse llevar por una política que apela las emociones y a la pasión nacionalista que, como veremos, de nacionalismo no tiene nada ya que solo se benefician unos poco a costa de otros muchos. Como escribió el economista Murray Rothbard en su artículo “Protectionism and the Destruction of Prosperity” (1986):
“El proteccionismo es simplemente una excusa por la que los consumidores, así como la prosperidad general, se ven dañados al conferir privilegios especiales permanentes a grupos de productores ineficientes a costa de las empresas competentes y los consumidores. Pero es un tipo especialmente destructivo de rescate, porque limita permanentemente el comercio bajo el disfraz el patriotismo”
¿Qué son los aranceles?
En la página de la Organización Mundial del Comercio podemos leer:
“Los derechos de aduana sobre las importaciones de mercancías se denominan aranceles. Los aranceles otorgan una ventaja de precio a los bienes producidos localmente sobre bienes similares importados y aumentan los ingresos de los gobiernos”.
Como explica el economista estadounidense, Thomas Sowell, los aranceles son impuestos aplicados a las importaciones y que busca el encarecimiento de estas mismas con el objetivo de beneficiar a la industria nacional. Estos sectores productivos protegidos, señala el mismo autor, podrá cobrar “precios más altos (…) de los que podrían cobrar si tuvieran que enfrentarse a una competencia extranjera más barata”.
En cuanto a los tipos tenemos, en primer lugar, el “ad valorem”, es decir, aquellos calculados sobre la base del precio “CIF” (como es el caso de mi país Chile), es decir, “Cost” (precio de la mercancía), Insurance (seguro que cubre durante el transporte) y Freight (transporte). La misma página de la Aduana de Chile nos proporciona un ejemplo:
Valor CIF US $1.000,00
Derecho ad valorem (6%) = US $ 60,00
Ahora bien, también hay que añadir el IVA (19%) sobre los 1.060,00 lo que nos da US $ 201,40.
Si le sumamos los anteriores 60 nos arroja un tributo bruto aduanero de $ 261,40 (lo que nos da $ 1.261,40)
Este tipo de arancel se aplica a los productos heterogéneos y, una ventaja, es que es flexible ante los cambios (fluctuaciones del mercado, inflación) permitiendo ajustar el coste del impuesto de acuerdo con el valor de cada producto, lo que posibilita que los bienes más caros paguen, en términos monetarios, un arancel mayor. Tenemos también el arancel específico que se calcula en función de una cantidad física del bien en cuestión, por ejemplo, volumen, peso o número de unidades, por lo que no toma en consideración el precio de ese bien (ya sea al alza o a la baja). Cabe señalar que estos suelen aplicarse a productos homogéneos como los commodities.
Por último tenemos el arancel compuesto el cual es una combinación de un arancel ad valorem y específico.Para clasificar los productos en partidas arancelarias se utiliza un estándar global denominado “Sistema Armonizado de Designación y Codificación de Mercancías”, desarrollado por la Organización Mundial de Aduanas e implementado a finales de la década de 1980
¿Por qué fijar aranceles? Como cualquier impuesto constituye una fuente de ingresos para las arcas fiscales pero, la razón no termina ahí. Como se puede leer en un artículo de McKinsey & Company, titulado, “Tariffs on the move? A guide for CEOs for 2025 and beyond”:
“Recientemente, las principales economías han aplicado aranceles más altos a bienes de industrias particulares o bienes de un país en particular para promover objetivos de seguridad nacional y política exterior”.
Con “industrias particulares” el informe se refiere (desde la óptica estadounidense) al caso del acero y, en cuanto a un “país en particular”, menciona el caso de China. El mismo artículo señala algunas de las razones que pueden influenciar la política comercial estadounidense. La primera es lograr el reequilibrio del comercio y la reducción de los déficits comerciales. La segunda es ganar y potenciar la influencia en negociaciones no relacionadas con el comercio, por ejemplo, anunciar aranceles para un país específico y simultáneamente negociar con ese país un acuerdo sobre inmigración. Lo anterior no es mera ficción ya que fue lo que sucedió entre EE.UU y México. También tenemos el caso de las “amenazas arancelarias” de Trump contra Dinamarca en caso de que este último país se muestre contrario a las ambiciones de Trump sobre Groenlandia. Así, la herramienta elegida por Trump para negociar agresivamente desde una posición de poder son los aranceles.
https://www.marketwatch.com/story/heres-how-trump-could-impose-tariffs-on-denmark-in-a-bid-to-control-greenland-6b186965
En tercer lugar, está el proteccionismo propiamente tal, esto es, proteger a sectores estadounidenses “críticos para la seguridad nacional y/o vulnerables a la competencia extranjera de menor costo”. Por último, está la protección del empleo o incluso crear nuevos, ya que el proteccionismo desviará la demanda desde productos extranjeros a productos nacionales.
Trump no es el iniciador de la tradición proteccionista dentro de los Estados Unidos. Sin ir más lejos tenemos al emblemático defensor del “American System”, el secretario de Estado Henry Clay (1777-1852) durante la presidencia de John Quincy Adams. Este “Sistema Americano” era un amplio plan económico que buscaba fortalecer a la nación y que, en materia comercial, propugnó el establecimiento de altos aranceles para proteger la industria nacional y generar ingresos para el gobierno federal. El Arancel de 1816 fue el primero – aprobado por el Congreso – que tenía como objetivo proteger a las industrias estadounidenses de la competencia extranjera. Por su parte, la ley arancelaria de 1824 buscó proteger la industria estadounidense de los productos británicos, como por ejemplo los textiles, productos de hierro, productos de lana y algodón, así como también productos agrícolas.
Henry Clay
Sería la ley arancelaria de 1828 (el “arancel de las abominaciones”) la que generaría una crisis en el país producto de los altos aranceles. La razón de esto es que tales alzas arancelarias beneficiaban a las industrias del norte y no así a la economía sureña – dependiente de la exportación de algodón – que se vieron afectados negativamente por el alza del precio de las manufacturas (que importaban de Inglaterra). La crisis llegó a tal punto que Carolina del Sur declaró tal arancel como in constitucional y, por ende, nulo y sin efecto dentro de sus fronteras.
https://todayinhistory.blog/2021/05/18/may-19-1828-tariff-of-abominations/
Avanzando en el tiempo, otra polémica ley arancelaria fue la Tariff Act de 1930 más conocida como “Ley Smoot-Hawley” la cual buscaba proteger al sector agrícola y manufacturero estadounidense, tras la crisis económica de 1929. Así, tenemos que Trump en esta materia específica no es una rareza, sino que más bien un resurgimiento de viejos problemas que sucedieron siglos atrás. No olvidemos tampoco en la década de 1980 cuando la industria automotriz estadounidense vio con temor el acaparamiento del mercado por parte de industrias tales como Nissan, Toyota y Honda, lo que provocó que el sindicato de aquel sector presionara al gobierno para que adoptase medidas proteccionistas.
Ahora bien, personajes como Clay – en este ámbito específico – eran en parte herederos de la denominada escuela “mercantilista” (“mercari” = comerciar) adoptada por las monarquías absolutas europeas que predominó desde el siglo XV. Para ser más precisos el mercantilismo era más bien una política comercial en el sentido de ser una estrategia y un conjunto de acciones adoptadas por estos reinos en el ámbito comercial. Esta política buscaba aumentar la riqueza del reino a costa de los otros, de manera que el comercio internacional era visto como un “juego de suma cero”.
La razón de esto era que importar significaba una merma en las reservas de oro (puesto que se pagaban las importaciones) y, desde la óptica mercantilista, se pensaba (erróneamente) que el enriquecimiento de un Estado dependía de la acumulación de metales preciosos (oro y plata). Por ende, se hacía necesario mantener una balanza comercial favorable por lo que había que exportar más que importar para así generar la entrada de grandes cantidades de oro y plata. El oro era símbolo de prestigio, riqueza y poder.
Además, en aquella época ese metal se monetizaba, se pagaba a soldados (seguridad nacional) y permitía exploraciones marítimas en busca de recursos naturales. Uno de los defensores del mercantilismo fue el funcionario público alemán Philipp von Hönigk (1640-1714) quien es también considerado uno de los fundadores del “Cameralismo”, que abogaba por un modelo centralizado de la economía nacional. De hecho el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (Modelo ISI) que se fue consolidando en las décadas posteriores a la crisis económica, también fue un heredero de la lógica mercantilista de siglos pasados. Así, el proteccionismo y nacionalismo económico parece intensificarse cada cierto tiempo a lo largo de la historia.
Volviendo a Trump, lo que él ha hecho es retornar a esta retórica nacionalista caracterizada por “amenazas arancelarias” constantes hacia otros países. Como se puede leer en “Tax Foundation”[1] en el 2018 Trump anunció la imposición de un arancel del 25% al acero importado y uno del 10% al aluminio importado. A principios de ese mismo año la administración estadounidense llegó a acuerdos para excluir permanentemente a Australia de los aranceles al acero y al aluminio.
Por otro lado, impuso cuotas para las importaciones de acero de Brasil y Corea del Sur, así como también para las importaciones de acero y aluminio de Argentina. En mayo de 2019, Trump anunció que su país levantaría los aranceles sobre el acero y el aluminio de Canadá y México y en el año 2020 amplió el alcance de los aranceles al acero y al aluminio para cubrir ciertos productos derivados. En agosto de 2020, la administración estadounidense anunció que volvería a imponer aranceles a las importaciones de aluminio procedentes de Canadá. También fueron notoria las “amenazas arancelarias” de Trump en contra de China a la cual acusaba de robar propiedad intelectual.
Trump tampoco es el único en utilizar esta política con fines proteccionistas. Los miembros de la Unión Europa también utilizan estas herramientas. Tenemos el caso de los aranceles impuestos a la importación de automóviles chinos con la consecuente represalia china sobre productos europeos como el porcino y el brandy. También han habido problemas entre estos actores en lo que respecta al acero en donde se acusa a China de dumping.
En suma, el nacionalismo y el tribalismo son el fundamento de los aranceles. Es por ello que no existen aranceles dentro de un mismo país. Digamos que si usted vive en en la Región de Valparaíso no pagará un arancel por los productos provenientes de Santiago y si vive en California no pagará aranceles por los productos provenientes de Nevada. Y si nos adentrásemos en el terreno de la ficción, podríamos imaginar un universo en donde existen diversos planetas habitados por seres humanos y en donde existirían aranceles planetarios que gravarían los productos provenientes de otros planetas.
En suma, el lector debe cuestionar ciertos temas que tenemos “naturalizados” y preguntarse, por ejemplo, por qué debe pagar un sobreprecio por un producto extranjero que no se fabrica en su país.
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[1] Trump Tariffs: The Economic Impact of the Trump Trade War.