1/2- Igualdad de oportunidades y meritocracia (por Jan Doxrud)

I) Igualdad de oportunidades y meritocracia (por Jan Doxrud)

En el presente abordaré el tema de la igualdad de oportunidades así como el de meritocracia. El objetivo es intentar aclarar qué significa “igualdad de oportunidades” así como la tan usada y repetida “meritocracia”, conceptos muy rentables en el discurso político pero utilizados muy a la ligera. En Chile suel resurgir esta temática  a propósito de los resultados de la Prueba de Selección Univesitaria (2018) y, recientemente, por el proyecto de “Ley de Admisión Justa” del actual gobierno. El periodista Daniel Matamala, a propósito de los resultados de la PSU, señaló que “para muchos niños, niñas y adolescentes chilenos, la igualdad de oportunidades y la  meritocracia no son nada más que bonitas palabras y falsas promesas”. El presidente Sebastián Piñera señaló a propósito del proyecto de “Ley de Admisión Justa”:

 “valorar y reconocer el esfuerzo y el mérito como algo legítimo, que debe ser considerado al momento de decidir la admisión. De esa forma el mérito y el esfuerzo van a reemplazar al azar, pero con un criterio de inclusividad”.

Como veremos, el esfuerzo resulta difícil medirlo y no necesariamente los más esforzado obtienen las mejores calificaciones. También veremos que el azar juega un rol importante dentro de la meritocracia. Por su parte, Educación 2020 escribió, a propósito del proyecto de “Ley de Admisión Justa”, un tweet diciendo:

“Seleccionar por mérito no tiene nada de justo. En un país profundamente desigual como Chile, el “mérito” esconde una serie de factores, sobre todo socioeconómicos, que no tienen que ver con el talento ni el esfuerzo de los niños y niñas”.

Nicole Cisterna, directora de Política Educativa de Educación 2020, afirmó en una entrevista:

“defender el mérito es defender la competencia y los privilegios, tras eso está la idea de que solo algunos merecen ser premiados, cuando se sabe que el mérito está asociado al nivel socioeconómico“.

También, a propósito del proyecto “ley de Admisión Justa”, un profesor encaró virtualmente a la Ministra Cubillos haciéndole ver que el enfoque que tenía el gobierno sobre el tema era injusto y discriminatorio. Pero quisiera quedarme con las siguientes palabras que el profesor pronunció ante un medio escrito:

“me gustaría que las oportunidades que tienen los chicos de colegios privados, también los tengan los de colegios públicos, que es donde estudia mi hija, y que la nota no sea el fin, sino que solo el medio”.

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En la frase están  presentes 2 conceptos que abordaré en el presente escrito. El primero es el de “igualdad de oportunidades”, en este caso específico, un acceso igual a una educación de calidad. El segundo, implícito, es el de  mérito. En este caso específico, el mérito del estudiante vendría a ser cuantificado por su rendimiento académico. En educación, las calificaciones no pueden transformarse en la única y sola variable para “medir” el mérito puesto que se reduce el mérito a un resultado final y no a un proceso, en este caso, el proceso de aprendizaje que es más que una calificación. Como señala Lucía Santa Cruz, para efecto del desempeño de un trabajo se deben estimar otras cualidades, destrezas y habilidades que influyen en el mérito como por ejemplo: la capacidad de formar equipos, disciplina, empatía, seguridad en uno mismo, ambición, estabilidad emocional. No está de más decir que los mejores alumnos no son necesariamente los que obtienen las mejores calificaciones. Otros podrán señalar que el rendimiento académico vendría a  reflejar el “esfuerzo” del estudiante, lo cual resulta ser falso, puesto que una persona con talentos para las matemáticas ciertamente no aplicará el mismo esfuerzo que otra persona que presenta mayores dificultades en estas. 

Pero no nos adelantemos y   vayamos por parte. ¿Qué quiere dar a entender el profesor cuando habla de “oportunidades”?  Y también debemos  preguntarnos nosotros: ¿qué tenemos en mente cuando utilizamos los conceptos de “igualdad” y “oportunidad”.  Una definición nos dice que una oportunidad es la cualidad de oportuno, vale decir, de lo que se presenta y actúa en el momento conveniente. Otras definiciones señalan que es la circunstancia, momento o medios oportunos para realizar o conseguir algo. El Merriam-Webster señala que la oportunidad es una coyuntura favorable de circunstancias, mientras que en el diccionario Oxford se puede leer que una oportunidad es un conjunto de circunstancias que hacen posible hacer algo. También nos encontramos con otras explicaciones como la que nos señalan que una oportunidad es una opción para llevar a cabo una acción o alcanzar un objetivo. Así cuando en nuestras vidas se nos presentan múltiples oportunidades se nos presentan múltiples opciones.

Por su parte, el historiador y sociólogo francés  Pierre Rosanvallon explica que el concepto de oportunidad se puede entender de tres maneras. En primer lugar remite a la probabilidad de llegar a un resultado ( el mero hecho de tener una oportunidad no garantiza nada). En segundo lugar a la capacidad de llevar a cabo una acción (estando dotado de los recursos necesarios). Por último, el concepto de oportunidad hace referencia a la esperanza de alcanzar un objetivo. 

En nuestra vida diaria utilizamos de diferentes formas el concepto de oportunidad, por ejemplo:

1-No tuve la oportunidad de ir a la universidad.

2-Perdí la oportunidad de ser ascendido.

3-Yo mismo logré triunfar forjando oportunidades.

4-Logré transformar mi crisis en una oportunidad.

5-Encontré la oportunidad y la tomé.

6-No tuve la oportunidad de ser feliz.

7-Me dieron la oportunidad de ser titular en el equipo

8-Me arrebataron la oportunidad de ser promovido.

9-El mundo está lleno de oportunidades.

10-Esas personas tuvieron más oportunidades que nosotros.

11-Los dos tuvimos las mismas oportunidades pero él la supo aprovechar.

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En virtud de lo anterior, el concepto de oportunidad tiene una connotación positiva (incluso el sicario o traficante de drogas busca la oportunidad de llevar a cabo su cometido) y vendría a ser una circunstancia o momento propicio que permite alcanzar ciertos fines deseados (oportunidad como una condición necesaria pero no suficiente). Además, podemos apreciar que en las 11 frases anteriores, una “oportunidad” es algo que se “tiene”, que se puede “perder”, que se puede “crear”, “encontrar”, “quitar” y “dar”. Incluso varias personas pueden tener las mismas oportunidades y, aún así, no aprovecharlas de manera óptima (aprovechamiento desigual de las oportunidades)  Así, una “oportunidad” podría depender tanto de mi, de un agente o agentes externos o del azar (estar a la hora y en el momento indicado). Otro punto importante es que una “oportunidad” constituye, en última instancia, un medio para alcanzar un fin y no un fin en sí mismo. 

De acuerdo con lo anteriormente señalado  podría resultar dificultoso para el lector pensar en que alguien o una institución pueda promover y garantizar la “igualdad de oportunidades”. ¿Cómo se podría garantizar a miles de millones de individuos iguales oportunidades? ¿Acaso las oportunidades existen como los objetos concretos? ¿Acaso las oportunidades muchas veces son subjetivamente percibidas como tales e incluso creadas por las personas? ¿Se pueden “gestionar”, “controlar” o planificar” las oportunidades como si estas estuvieran “ahí” dadas?   En definitiva ¿se pueden “garantizar” las oportunidades? Para responder a esto se debe precisar qué se quiere dar a entender con el concepto de “oportunidad” e “igualdad” (¿ante la ley? material, de resultados)  presente en la “igualdad de oportunidades”. Dicho de otro modo, no podemos limitarnos a hablar de “igualdad de oportunidades” de manera abstracta y generalizada . Debemos especificar de qué estamos hablando. Cuando hablamos de igualdad de oportunidades, ¿estaremos hablando, quizás, de oportunidades consideradas como básicas o mínimas? (acceso a la educación, a un sistema de salud) Pero considerar la “igualdad de oportunidad” como una “nivelación del punto de partida” no es satisfactorio puesto que no resuelve la falta de oportunidades que un individuo tendrá durante su trayectoria de vida.

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El ideal de la “igualdad de oportunidades” es uno reciente en la historia humana. Como destaca  Ángel Puyol, académico de la Universitat Autònoma de Barcelona,  la igualdad de oportunidades no constituye un valor sin historia. Esto, desde un punto de vista más amplio, se traduce en que todos los valores morales y políticos son relativos a una época, porque es en la historia humana donde se forjan, modifican y destruyen. En el caso de la igualdad de oportunidades, Puyol señala que es un ideal moderno que nació con en la Francia revolucionaria del siglo XVIII con la progresiva destrucción del Antiguo Régimen y con la proliferación de las ideas de intelectuales imbuidos de los ideales ilustrados. De manera que la meritocracia no es una creación, como piensan algunos, del “neoliberalismo”. Pero esta igualdad de oportunidades, añade el mismo autor, no nació vinculada a una justa distribución de la riqueza ni a la equiparación de las condiciones sociales y materiales.

Más bien, la igualdad de oportunidades nació ligada a la abolición de la opresión legal, la libertad del individuo y la promoción de la libertad económica. Así, Puyol habla de una “igualdad legal de oportunidades” desvinculada de la igualdad social y que, por ende, no promovió la eliminación de las diferencias económicas. Es más, ahora la desigualdad económica estaba justificada puesto que ahora todas las personas eran iguales ante la ley. Ya no existían las antiguas trabas heredadas del mundo medieval de manera que el individuo era dueño de su propio destino. Llegamos así al concepto de meritocraciao el “poder del mérito”, “aristocracia del mérito”, es decir, un sistema fundamentado en la eficiencia (más que el esfuerzo) de los individuos. El concepto de meritocracia fue acuñado por el sociólogo Michael Young (1915-2002)en una sátira distópica titulada The rise of the meritocracy, 1870-2033: An essay on education and equality. 

¿Qué relación existe entre igualdad de oportunidades y la meritocracia?Al parecer, una sociedad sería más meritocrática si existe, previamente, igualdad de oportunidades o, dicho de manera coloquial, si los puntos de partida se igualan (puntos de partida que pueden ser múltiples, siendo uno la eduación). En el caso específico de la educación se trataría que los niños no solamente tengan acceso a la educación sino que tengan un acceso igualitario a una educación de calidad. Puyol define la meritocracia como sigue:

“La meritocracia es un sistema social basado en la aristocracia del talento y no en alguna forma de justicia democrática o igualitaria; consiste en distribuir los trabajos, los cargos y las recompensas sociales y económicas de acuerdo con las cualidades y calificaciones individuales, de modo que lo s individuos con mayores aptitudes y capacidades deberían obtener los cargos y puestos sociales de mayor importancia y prestigio”.

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No concuerdo en que el “esfuerzo” se transforme en un criterio de medición para determinar y establecer quién merece qué, puesto que esfuerzo (¿cómo medirlo?) no es necesariamente sinónimo de eficiencia. Así, por ejemplo, la introducción de tecnologías reduce el “esfuerzo” físico humano lo que se traducido en un aumento de la productividad. Una persona con grandes capacidades matemáticas terminará su examen con menor esfuerzo que su compañero que presenta mayores dificultades en esta disciplina. En el caso de la selección para los colegios, los seleccionados no son necesariamente los que se “esforzaron más”. En otro ámbito, Friedrich Hayek, escéptico frente a la meritocracia, escribió en “Los fundamentos de la libertad”: “Sin lugar a dudas, de hecho, no deseamos que los hombres obtengan el máximo de mérito, sino que logren la máxima utilidad con el mínimo de sacrificio y esfuerzo y, por lo tanto, el mínimo de mérito”.

En síntesis, el esfuerzo puede ser  importante y necesario (aunque no determinante), pero no tiene la última palabra en lo que respecta a la consecución del éxito y recompensas. La meritocracia hay que entenderla, quizás, como un ideal que apunta a que las personas tengan las mismas oportunidades para desarrollar sus capacidades y que estas no se vean truncadas a lo largo de su vida por factores arbitrarios o barreras tales como falta de educación, falta de acceso a la salud, pobreza, etc. Pero este discurso meritocrático se encuentra necesariamente con barreras infranqueables  siendo una de las principales el hecho de que el ser humano no es una pizarra en blanco y esto se puede apreciar en la vida diaria, por ejemplo, en clases donde existen alumnos con distintos talentos y facilidades para algunas o incluso todas las materias, mientras que otros presentan mayores dificultades.

También se aprecia con más notoriedad en los deportes. Digamos que Messi es considerado un crack del fútbol no porque entrenó y se esforzó más que los demás futbolistas (todo lo contrario, Messi hace ver como algo simple habilidades futbolísticas que otros futbolistas no pueden hacer aunque se esfuercen en demasía). Lo mismo sucede en el mundo de la música o la literatura (no todos pueden ser Goethe, Cervantes o un Claudio Arrau).  La  meritocracia como ideal utópico nos pretende mostrar un supuesto mundo en donde los seres humanos se desenvuelven en una sociedad completamente vacía o carente de obstáculos considerados como arbitrarios y en donde incluso el azar puede ser neutralizado, de manera que todo lo que el individuo logra se debe a su propio mérito y no a factores externos (riqueza, familia, contactos, inteligencia, suerte, etc).

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Hay personas que nacen con un talento y eso atenta contra la meritocracia y, salvo que quiera crear una distopia digna de “Harrison Bergeron”, eso es algo que debemos aceptar. Así, la igualdad de oportunidades y la meritocracia no buscan hacer de todas las personas iguales ni garantizar igualdad de resultados,  todo lo contrario, busca justificar las desigualdades que se generan en la sociedad. Es por ello que Puyol afirma que la  meritocracia ( avalada por la igualdad de oportunidades) tiene que ver más con la eficiencia y la diferenciación que con la igualdad. Añade el académico que la meritocracia no necesita de la igualdad para lograr su propósito, puesto que le basta con la eficiencia

A esto añade Puyol: 

“Aunque históricamente la igualdad de oportunidades se haya utilizado a favor de la emancipación de los más oprimidos, y ésta es la imagen que ha perdurado en la mente de todos, dicha emancipación no se debe entender como equivalente a una igualdad social, sino como la oportunidad de los desheredados de acceder a los puestos más altos de la jerarquía social”.

Puyol, haciendo eco del académico de la Universidad de Stanford, James Fishkin, explica que la igualdad de oportunidades es víctima de un “trilema” consistente en la elección forzada entre tres principios igualmente buenos a saber: 

1-Mérito: selección en base al talento

2-Nivelación del campo de juego.

3-Respeto de la autonomía de la familia.

 Este trilema nos viene  decir lo siguiente:

Dadas las condiciones de desigualdad, podemos esperar razonablemente que al llevar a la práctica cualquier pareja de estos principios, el tercero quedará excluido”.

Tenemos, pues, que no podemos tener los tres principios a la vez de manera que uno necesariamente debe ser sacrificado. Por ejemplo, si se defiende el mérito y la nivelación, entonces tendríamos que intervenir a ese grupo de personas unidas por lazos de parentesco denominado familia que constituye un factor de desigualdad social que la educación no ha logrado resolver. Si tomamos otra opción como respetar la autonomía de la familia y la meritocracia, entonces no queda más que aceptar la desigualdad de oportunidades para el desarrollo de talentos personales, señala Puyol. 

 FIN PARTE 1 DE 2

Artículos complementarios:

Reseña: Teoría de la justicia de John Rawls (por Jan Doxrud)

Pierre Bourdieu: de la nobleza de naturaleza a la nobleza de Estado (2) (por Jan Doxrud) Artículo 2 de 4

Pobreza, Desigualdad y Bienestar (por Jan Doxrud)

 Bibliografía

-Ángel Puyol, El sueño de la igualdad de oportunidades. Crítica de la ideología meritocrática.

-Lucía Santa Cruz, La igualdad liberal.

-Pierre Rosanvallon, La sociedad de iguales.

-Narciso de Gabriel, Michel Lepeletier y la educación común.

-John E. Roemer, Igualdad de Oportunidades.