6/10- Historia de Chile: de Arturo Alessandri a Carlos Ibáñez del Campo, 1920-1931 (por Jan Doxrud)

Historia de Chile: de Arturo Alessandri a Carlos Ibáñez del Campo, 1920-1931 (por Jan Doxrud)

Como ha sido una constante en la historia de Chile, la confección y aprobación de esta se hizo dentro de contexto de “anomalía” política. Con esto quiero dar a entender que en el Chile de ese momento no operaba un verdadero Estado de Derecho y, por lo demás, nunca se convocó una Asamblea Constituyente, libre y universalmente electa. Lo que se hizo en un comienzo fue crear una Comisión consultiva para preparar la Constituyente. Esta se dividió en dos, siendo la “chica” la que estudiaría las modificaciones que se propondrían a la Asamblea Constituyente. La “grande” establecería el procedimiento de la Constituyente. Fue la Constituyente chica la que terminó por producir artículo por artículo una Constitución completa, con una activa participación de Arturo Alessandri. En pocas palabras, la idea de una Asamblea Constituyente fue abandonada por el propio Presidente. Sería finalmente la “Gran Comisión Consultiva” la que aprobó el proyecto de reformas constitucionales y que el proyecto definitivo sería sometido a la consulta de un plebiscito. En relación con el  plebiscito(no está de más decir que no se dieron las condiciones básicas: elecciones libre e informadas) se procedió a votar de forma transparente (no fue un voto secreto) por medio de tres cédulas. La roja apoyaba el texto impuesto. La  cédula azul apoyaba un régimen parlamentario modificado. En la cédula azul podía leerse lo siguiente: 

“Se mantiene el régimen parlamentario con la facultad de la Cámara de Diputados para censurar y derribar Gabinetes y de aplazar el despacho y vigencia de las Leyes de Presupuestos y recursos del Estado”.

Por último,  la cédula blanca rechazaba las dos opciones anteriores. Como señala Sofía Correa, los partidos Conservador, Radical y una fracción del Liberal llamaron a la abstención, mientras que el Partido Comunista llamó a votar por el voto disidente. Portales explica que sobre los 302.304 inscritos, votaron sólo 135.783 8 (44.9%). De estos, 127.509 (42.18%) aprobaron la Constitución. Portales trae a la palestra la opinión de Hans Kelsen sobre el texto constitucional chileno. De acuerdo a Kelsen, la nueva Constitución era fruto de un movimiento antiparlamentario que también se propagaba en Europa. Añadía Kelsen que la Constitución incluía una serie de disposiciones que bordeaban las fronteras de una dictadura. Para Alessandri, la nueva Constitución no fue más que una reforma de la Constitución de 1833. Otros hechos emblemáticos incluyen el establecimiento del Estado laico, la creación del Tribunal Calificador de Elecciones y se puso fin a la elección indirecta del Presidente de la República. Ahora bien, como afirma Sofía Correa, la vorágine de los acontecimientos políticos posteriores impidió que la Constitución entrara plenamente en vigencia sino hasta diciembre de 1932, bajo la segunda presidencia de Arturo Alessandri.

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Los problemas entre Ibáñez y Alessandri se fueron agudizando. Cuando Ibáñez comenzó a emerger como candidato natural para la presidencia, Alessandri intentó frustrar esto solicitando la renuncia de todos sus ministros, pero Ibáñez rechazó esto. Para ser más precisos, Ibáñez hizo ver a Alessandri que su comunicado carecía de valor sin la firma respectiva del Ministro. Ante este desafío explícito hacia la autoridad del Presidente de la República, Alessandri renuncia en septiembre de 1925, asumiendo temporalmente el gobierno su antiguo contendor Luis Barros Borgoño.Como explica Felipe Portales , el gabinete de Barros Borgoño fue enteramente confeccionado por Ibáñez, en conjunto con el Comité Revolucionario. Ibáñez encontró oposición ante la idea de que él se convirtiera en el próximo Presidente, específicamente por parte de del almirante Juan Schroeders y el general Mariano Navarrete. 

Como comenta Edgardo Boeninger, en 1924/1925 el orden parlamentario se derrumbó producto de la conducta de los actores, así como por la incapacidad de las instituciones políticas de superar sus propios conflictos. Así, continúa explicando Boeninger, el cambio político y las reformas sociales se produjeron por la conjunción de tres factores:

a) La acción de los caudillos, específicamente Alessandri e Ibáñez del Campo.

b) La presión social, que se expresó en agitación popular y el apoyo político-electoral.

c) La irrupción militar en política.

Posteriormente  se realizaron elecciones presidenciales en octubre, las primeras bajo la constitución de 1925, donde los partidos políticos se pusieron de acuerdo en un candidato común (Ibáñez les había fijado un plazo) quien finalmente fue  Emiliano Figueroa, quién se convertiría en el próximo Presidente de Chile, una personalidad política que representaba más bien el viejo orden oligárquico. La presidencia de Figueroa fue nominal y fue el Ministro de Guerra, Carlos Ibáñez del Campo, quien representaba el verdadero poder. Impuso a Figueroa el nombramiento de Maximiliano Errázuriz como Ministro del Interior. Desde un comienzo Ibáñez mantuvo una tensa relación con el Congreso. El Ministro criticaba a los parlamentarios por intrigar y referirse en malos términos al Ejército. No contento con el gabinete, Ibáñez impuso a Figueroa a Manuel Rivas Vicuña como Ministro del Interior y que logró desenvolverse de mejor manera que su antecesor, Maximiliano Ibáñez. Igualmente Rivas sería forzado posteriormente a renunciar por Ibáñez y asumiría en su lugar a Conrado Ríos. 

Emiliano Figueroa Larrain (1866-1931)

Emiliano Figueroa Larrain (1866-1931)

En una publicación del 9 de febrero, Ibáñez hizo saber por distintos medios escritos sus principales ideas. El Coronel critica lo que denomina como “propaganda malévola de unos cuantos politiqueros de oficio”. Añadía que se hacía necesario el “termocauterio” de arriba y abajo. También acusaba a la Cámara de Diputados de rendir homenaje de adhesión a los comunistas que incitaban a los obreros a la subversión del orden público. Por último Ibáñez hacia un llamado de romper de manera definitiva los “lazos rojos” de Moscú. La publicación de Ibáñez estaba empapada de una retórica moralizante, con un llamado a reorganizar las fuerzas y a poner la “Patria” por sobre los intereses individuales. Cabe añadir los tintes anticomunistas y antianarquistas del discurso de Ibáñez que tendrían efectos prácticos que se traducirían en represión y censura.  En lo que respecta a la posición de los partidos políticos frente a la situación política del país tenemos que, siguiendo a Portales, el Partido Democrático se mostró como el más entusiasta declarando que el gobierno de Ibáñez era uno de salvación nacional y que debía imponerse amputando los miembros gangrenados de la sociedad y dejar limpia la maquinaria del Estado. El Partido Radical también adoptó una actitud favorable hacia Ibáñez, sin mencionar que su Presidente electo, Juan Antonio Ríos (futuro Presidente de Chile) era un ferviente ibañista.